CONOCIENDO TIPOS DE GRASA,APRENDE A DESTRUIRLA
No es posible abordar con éxito un objetivo tan complejo como la
eliminación del tejido adiposo sin conocer los principios básicos que
rigen su formación y destrucción.
Si aprendéis las reglas maestras a
las que obedece este tejido de supervivencia, podréis controlar
perfectamente vuestra composición corporal.
Para poder mostrar
todo ese músculo por el que tan diligentemente os entrenáis día tras
día, mantener unos niveles bajos de grasa corporal es de la máxima
importancia.
Todos nosotros conocemos los principios básicos cuando
se trata de perder peso, pero hay mucho más si lo que queréis es
maximizar vuestra capacidad para eliminar la grasa y para mantenerla
alejada del cuerpo. Conocer la química y los procesos fisiológicos por
los que el cuerpo la acumula, constituye una gran diferencia en vuestra
capacidad para combatirla. Hablando de combates, pensad en ello como en
las artes marciales, si queréis tener la mejor posibilidad de vencer a
vuestro oponente, dispondréis de más posibilidades de superarlo no sólo
sabiendo cómo combatirlo, sino también entendiendo cómo combate vuestro
oponente y cuáles son sus debilidades.
Vuestro cuerpo quema la grasa
a través de una serie de miles de reacciones químicas, así que no es
tan simple librarse de ella. Cuando se trata de conseguir una piel tan
fina como el celofán, un poco de conocimiento acerca de la lipólisis
puede llevaros muy lejos.
Cuanto más eficaces os convirtáis en quemar la grasa, menos estrés tendréis que imponer a vuestro cuerpo para perderla.
La grasa en el hombre y la mujer
El género es un factor importante en la distribución de la grasa,
hombres y mujeres presentan grandes diferencias en el lugar de
acumulación, el factor más determinante es el factor hormonal, ya que
los estrógenos (hormona típicamente femenina) muy relacionados con la
función reproductora en la mujer, tienden a acumular las reservas de
grasa en la zona gluteofemoral. En los hombres esta hormona está
presente en cantidades mucho menores y la acumulación de grasa tiene su
causa en el sedentarismo y altas ingestas calóricas.
Obesidad por sedentarismo
Es la típica grasa que se acumula en forma de flotador alrededor de
toda la cintura, sobre todo en los hombres ante largos periodos de
inactividad. Suele ser habitual en personas que realizaban gran
actividad física y que la abandonan de forma repentina, como es el caso
de exdeportistas.
Con la vuelta a la vida activa el organismo puede volver a eliminarla con cierta facilidad.
Factor clave: Evitar dietas hipocalóricas
Suele aparecer en personas que incluso comen poco pero que también se
mueven muy poco. Esto tiene su explicación en el descenso progresivo del
ritmo metabólico, el organismo se vuelve "ahorrador" y se acumula grasa
en las zonas de reserva.
Muchas personas comenten el error de
intentar perder peso a toda costa, llegando incluso a creer que podrán
perder varios kilos en unas pocas semanas cuando han tardado meses en
acumular esa grasa de reserva. Hacer alguna dieta extrema y ponerse a
hacer cardiovascular a baja intensidad durante horas no es la mejor
opción, es más en la mayoría de casos es un error ya que esta estrategia
no conseguiría elevar el metabolismo, sino todo lo contrario, bajarlo
aun más.
La mejor opción es sin duda, no comer menos, sino lo
necesario incluyendo una alta frecuencia de comidas a lo largo del día y
un plan de entrenamiento donde se contemple de forma combinada la
fuerza y el trabajo cardiovascular, de esta forma conseguiremos elevar
el coste metabólico y ser capaces de consumir mucha más energía,
obligando al organismo a acudir a las reservas de grasa.
Para
conseguir este nivel de entrenamiento y conseguir gastar muchas
calorías, necesitarás sin duda energía, si no dispones de una adecuadas
reservas de glucógeno para mantener cierta intensidad, deberás olvidarte
de ver los mejores resultados a la hora de eliminar ese flotador que
tapa tus abdominales.
Obesidad glútea
Muy característica en
la mujer, caracterizada visualmente por las cartucheras ya que se
acumulan en cadera y hasta las rodillas. Suele aparecer en la pubertad y
en la menopausia por desajustes hormonales, resultando muy difícil su
eliminación.
Se deben evitar malos hábitos como el tabaco o el alcohol o mantenerse durante largar jornadas sentada.
Factor clave: Evitar sedentarismo
Generalmente este tipo de acumulación de grasa en la mujer viene
acompañada de la aparición de celulitis, que no es más que una
alteración del tejido conectivo que contiene al tejido adiposo
subcutáneo ofreciendo la característica "piel de naranja"
Existe
una predisposición genética determinante para su aparición, pero existen
factores desencadenantes de esta alteración, que son los que debes
evitar. Los más importantes son los hormonales, alimentación, hábitos no
saludables y problemas circulatorios.
Desde el punto de vista
del ejercicio, los programas de tonificación muscular, no solo en la
región de los muslos, sino en todo el cuerpo aportan beneficios
significativos. Además de ofrecer firmeza al músculo y tejido conectivo,
aumentará el metabolismo, incrementándose el consumo calórico en reposo
y la quema de grasas. Clases colectivas de tonificación y programas de
fuerza en general, suelen dar resultados iguales o incluso mejores que
los programas de solo trabajo aeróbico ligero o moderado.
La
celulitis aparece también por la presión continua de las posiciones
sedentarias. Estar sentada durante mucho tiempo comprime los
fibroblastos, que dejan de producir colágeno, con lo cual la piel se
debilita y se hace visible la grasa acumulada en profundidad en estas
zonas de la región gluteofemoral. Es muy importante que evites estar
sentada durante largas horas, levántate cada cierto tiempo para
movilizar el tren inferior y volver a activar la circulación, si puedes
camina antes y después del trabajo. Es un pequeño hábito que dará
importantes resultados.
Obesidad abdominal nerviosa
La grasa
se acumula en la zona central y anterior del abdomen. Se desarrolla por
estados de ansiedad y estrés o periodos depresivos. Se acompaña con
sensaciones de fatiga, agotamiento y un gran deseo de ingerir gran
cantidad de azúcar entre las comidas, también se suele producir una
hinchazón en el abdomen al ingerir alimentos.
Factor clave: Controlar la ansiedad
En estos casos resulta vital el control de la alimentación y regular en
la medida de lo posible los factores que pueden generar ansiedad.
Cuando hay estrés y ansiedad, el cerebro envía una señal a las glándulas
adrenales para que liberen la hormona cortisol. Si el estrés y la
ansiedad permanecen por tiempo prolongado, los niveles de cortisol se
mantendrán elevados, provocando que el organismo libere glucosa a la
sangre, en esta situación de hiperglucemia si no estamos realizando
actividad física, esta glucosa termina depositándose como grasa en el
tejido adiposo.
Para evitar la sensación de hambre y comer de
forma compulsiva es necesario mantener estables los niveles de glucosa
en sangre, evitando las situaciones de hipoglucemia. Comiendo cada dos o
tres horas como máximo, evitaremos caídas agudas de los niveles de
glucemia en sangre, las no deseadas situaciones de hipoglucemia, la
causa que pone en marcha el mecanismo de la sensación de hambre. Hay
personas que piensan tengo hambre pero voy a esperar un poco más, y es
aquí donde empieza una sucesión de respuestas y consecuencias que nos
llevarán a acumular grasa. Al prolongar el tiempo de una glucemia baja
lo que hacemos es acentuar la sensación de hambre. A las 3, 4, ó 5 horas
de no haber ingerido alimento alguno, la gula es tal que comemos de
forma compulsiva.
Obesidad circulatoria venosa
Tiene un gran
componente genético, suele aparecer en el embarazo acompañada por
problemas circulatorios con inflamación en las paredes venosas y en
algunos casos con episodios de flebitis (formación de coágulos).
Presenta síntomas característicos como gran intolerancia al calor,
pesadez, acumulación de líquidos y tobillos hinchados.
Factor clave: Favorecer la circulación
Un test muy sencillo: Si al presionar la piel de las piernas queda una
pequeña hendidura marcada y se mantiene un tiempo hasta recobrar su
forma, deberías acudir al médico para prevenir ciertas complicaciones
relacionadas con la circulación.
Personas con este tipo de
alteración deben evitar ejercicios con impacto como la carrera o el
baile, ya que no favorecen el retorno venoso llegando incluso a ser
doloroso. En algunos casos y según la causa de esa retención de
líquidos, beber agua puede ser muy beneficioso. Pero el agua también te
ayudará si te sumerges en ella, ya que el aumento de presión hace que
los fluidos tiendan a salir. Así, tomar un baño y mover las piernas o,
aun mejor, practicar natación es una excelente solución para ayudarte a
eliminar esos líquidos del tren inferior y mejorar la circulación.
El ejercicio también es clave, ya que activa la circulación en las
piernas y ayuda a que tu cuerpo arrastre el exceso de líquido y sea
eliminado por la orina y el sudor. Si realizas trabajo cardiovascular,
los medios más adecuados para ayudarte a eliminar líquidos son aquellos
que por su posición favorecen el riego sanguíneo y, por supuesto, los
que no tienen impacto. En este sentido, son mucho más interesantes los
trabajos en posiciones sentadas e incluso tumbadas como la bici, el remo
o la mencionada natación.
Obesidad metabólica aterógena
El
abdomen toma aspecto de balón redondo e hinchado, incluso duro. La grasa
se encuentra acumulada intraabdominal, rodeando al hígado aumentando el
volumen abdominal y dilatando la pared del abdomen hacia fuera. Se
origina habitualmente por consumo excesivo de alcohol y excesos
calóricos. Se presentan síntomas muy característicos como dificultad
para respirar, somnolencia y excesivo aumento de calor corporal tras
ingerir alimentos, sobre todo en comidas copiosas.
Factor clave: Dejar las cervezas
Es un tipo de barriga . La mala noticia es que esta grasa está asociada
a alteraciones cardiovasculares metabólicas, normalmente viene
acompañada de hipertensión y triglicéridos elevados, la buena noticia es
que se elimina de forma relativamente fácil, responde muy bien ante el
ejercicio y una alimentación adecuada.
Debido al sobrepeso, se
generan alteraciones en la columna, sobre todo a nivel lumbar. Por otra
parte, en algunos casos el elevado volumen en el abdomen limita el
movimiento en muchos ejercicios. Algunas personas piensan erróneamente
que realizando interminables abdominales perderán grasa de esta zona,
además de no ser cierto, estos ejercicios clásicos son incómodos para
este tipo de personas e incluso pueden resultar lesivos. Si es tu caso,
olvídate de hacer abdominales, invierte tu tiempo y esfuerzo de forma
mucho mas efectiva con un trabajo combinado de tonificación muscular y
trabajo aeróbico.
Un circuito de fuerza en máquinas donde te
encuentres cómodo y posteriormente un trabajo cardiovasculares en algún
medio sin impacto, será el mejor entrenamiento para ir reduciendo
volumen en el abdomen. Posteriormente, cuando pierdas algunos kilos será
el momento de introducir ejercicios más generales con peso libre y
otras actividades aeróbicas de mayor intensidad.
Obesidad alimentaria
Se caracteriza por acúmulos de grasa alrededor del cuello, comúnmente
conocida como "papada", también por toda la zona del tronco pero no en
cadera y piernas. Es un tipo de grasa asociada a riesgo cardiovascular,
por tanto a largo plazo puede comprometer la salud.
Esta capa de grasa subcutánea provoca sensación de calor generalmente acompañado de una transpiración excesiva
Factor clave: Centrarse en la alimentación saludable
Hacer ejercicios de cualquier tipo será positivo, pero el factor clave
en estos casos es sin duda cuidar mucho la alimentación. Eliminar las
grasas saturadas y limitar los azúcares así como alimentos muy calóricos
como el alcohol son los pilares fundamentales sobre los que incluir
otros hábitos de alimentación más saludables progresivamente. Con
relativamente poca cantidad de ejercicio pero poniendo énfasis en la
alimentación, los resultados serán visibles a medio plazo. En este caso
el ejercicio más que ayudar a quemar grasa, representa un factor de gran
influencia para llevar hábitos más saludables y optimizar la
alimentación.
El almacenamiento de la grasa
Comencemos con el
punto inicial del problema de la grasa, el almacenamiento de la
adiposidad corporal. Mucha gente, incluidos los culturistas, todavía
piensa que la grasa se almacena sólo localmente en unos cuantos lugares,
como la barriga, los glúteos, la espalda baja y los muslos. Pero ésta
se distribuye por todo el cuerpo. Solamente que vuestra configuración
genética y niveles hormonales determinará qué áreas son más susceptibles
a acumularla que otras. A pesar de que estamos en la era moderna dónde
los alimentos no escasean, el cuerpo está diseñado para almacenar grasa,
de forma que los humanos puedan sobrevivir durante largos periodos de
tiempo sin comer o consumir alimento.
Otra cosa a recordar, es que
debido a la preservación de los alimentos comerciales, existen muchas
formas de grasa actualmente que no existían en el pasado, o cuando el
cuerpo humano evolucionó, así que nuestros organismos no son muy
eficaces para procesar estas nuevas formas de lípidos.
De cualquier
forma, volviendo al tema original, almacenar grasa constituye la vía por
la que el cuerpo se asegura su supervivencia y mantiene un suministro
de energía constante a la mitocondria en la eventualidad de que tenga
que seguir adelante durante un tiempo sin tener acceso a fuentes de
energía (alimentos). A juzgar por el estado de la mayoría de la
población civilizada, no parece que el cuerpo humano esté evolucionando
hacia dejar de almacenar grasa.
La grasa corporal se reserva en un
tejido especializado llamado tejido adiposo. Este es el tejido blanco
que está directamente bajo la piel o incrustado en forma de vetas entre
el músculo.
La degradación de la grasa
Vuestro cuerpo no
empieza a quemar grasa hasta que algún tipo de señal es enviada por el
cuerpo para liberar una hormona específica que activa una reacción muy
concreta. En pocas palabras, cuando estas hormonas se activan (llamadas
catecolaminas), se liberan enzimas que atacan las células grasas y
descomponen los triglicéridos en glicerol y ácidos grasos. Entonces, la
grasa acumulada es transportada a la superficie dónde se asienta en una
mezcla de grasa y fluidos dentro de la célula y las proteínas quitarán
uno de los triglicéridos del compuesto ácido graso-glicerol para formar
diglicéridos (“di” significa dos). Estos diglicéridos son divididos por
otra enzima llamada lipasa sensible-hormonal (HSL) que sólo degrada uno
de los glicéridos. Entonces una tercera enzima entra en acción y se
lleva el único glicérido que queda y si os preguntáis si ese que queda
se llama monoglicérido (“mono” significa uno), entonces habéis acertado.
Lo que era una molécula es ahora tres cadenas distintas de ácido graso y
una molécula de glicerol. Cualquiera de esas cadenas puede acabar
siendo usada como energía o acumulada como grasa corporal. Una cosa
positiva que vale la pena saber es que las posibilidades de ser usadas
como energía son bastante elevadas, porque las cadenas de ácidos grasos
pueden ser reabsorbidas en la célula grasa y empleadas para producir
energía en la propia célula grasa. Cuando la lipólisis (la degradación
de la adiposidad) empieza, la producción de energía de la célula grasa
se dispara.
Las células grasas hacen mucho más que generar energía.
Estudios recientes están demostrando que producen hormonas que afectan
al apetito y al metabolismo. De hecho la combustión de las calorías se
produce justo en el interior de la célula grasa. Esto puede sonar
contrario a lo que parecería razonable, pero la realidad es que es mejor
tener un gran número de pequeñas células grasas, que tener un número
menor de grandes células grasas. Si tenéis un gran número de pequeñas
células grasas quemaréis muchas más calorías puesto que éstas estarán
creando constantemente energía.
En otras palabras, puesto que las células grasas queman calorías, cuantas más tengáis, más calorías quemaréis.
Si queréis eliminar la grasa corporal, entonces tendréis que crear una
situación en la que la célula grasa sea obligada a hacerlo. Cuando no
coméis durante muchas horas, las hormonas y neurotransmisores que
estimulan la respuesta lipolítica (destrucción de la grasa) para
descomponer grasa se liberan. Entre estas se libera la norepinefrina,
que es una sustancia química similar a la adrenalina que aumenta el
metabolismo. No comer también causa que aumente la concentración de
glucocorticoides que activan una enzima llamada desnutrin/ATGL que ayuda
a descomponer los triglicéridos. En cambio, cuando se produce la
situación contraria, en la que coméis en una base consistente, las
concentraciones de insulina son elevadas, lo que activa una enzima que
inhibe ciertos bioquímicos tales como la producción de adrenalina, que
da la señal al cuerpo para empezar a quemar grasa. Existen muchas otras
hormonas y moléculas que afectan a la decisión de la célula para
destruir o almacenar la grasa.
Otra forma en la que la insulina
puede detener la degradación de la grasa es estimulando la producción de
una prostaglandina conocida como PGE2. Las prostaglandinas son
moléculas que permiten que la célula en la que están se comunique con
las que la rodean. La PGE2 sólo se encuentra en las células grasas. En
el interior de la célula grasa la PGE2 inhibirá la pérdida de grasa
porque degradará el AMPc que es un compuesto que indica el inicio de
eliminación de la grasa cuando las hormonas correctas se unen al
receptor celular. Si el AMPc se degrada, cuando las hormonas intentan
unirse a la célula o indican a ésta que queme la grasa, no sucederá nada
de nada. Obviamente, eso no os ayudará a quemar grasa.
Como veis,
una de las claves para quemar grasa es mantener los niveles de insulina
bajos. Podéis lograrlo consumiendo fuentes de hidratos de carbono que
necesiten mucho tiempo para ser digeridas y lleguen a la circulación
lentamente y proporcionen una liberación estable de energía sin generar
picos de insulina. Estos hidratos de carbono se conocen como de bajo
índice glucémico. Algunas buenas fuentes de éstos incluyen el arroz
integral, los boniatos, los copos de avena y las lentejas.